lunes, 1 de abril de 2013

"FEMINISTAS", CUANDO EL HOMBRE APUESTA Y APOYA EL TALENTO DE LA MUJER



Virginia Woolf



A propósito de la conmemoración el 8 de Marzo, del Día Internacional de la mujer, el periódico La Vanguardia, publicó una reseña sobre la escritora María de los Ángeles Cabré. El tema, los hombres que, como raras avis, habían apoyado con su estímulo y aliento a las mujeres que tomaron la decisión de escribir, pintar, componer música,etc,en el difícil y tradicional espacio masculino del arte.

 Esposos, amantes, amigos, hermanos, padres o hijos, figuras de hombres que con su aliento permanecieron al lado, apostando por la igualdad de la mujer y su derecho a expresarse libremente. Virginia Woolf en su ensayo “Un cuarto propio”, imaginaba que hubiera sido de una hipotética hermana de Shakespeare, si hubiera tenido el don de su talentoso hermano, ¿hubiera podido desarrollarlo? Con seguridad, no.
 Linda Nochlin, la crítica de arte feminista, apunta “ los hombres exigen no solo sumisión sino también afecto incondicional”, mientras que las mujeres están acostumbradas a caminar en soledad y pagar un alto precio cuando se elige un camino distinto al designado por la cultura patriarcal.





 A Platón le debemos que invitara a su famoso Banquete a Diotima, mujer a la que consideraba capaz de enseñar tanto a hombres como a mujeres el arte de amar. Mediadora entre los dioses y los hombres, le explica a Platón la importancia trascendental de Eros en la vida de los mortales. En su academia también tuvieron cabida mujeres como Lastenia de Mantinea y Axiotea Flisiaca, ávidas de saber y lo suficientemente aguerridas, para compartir ese mundo de exclusividad masculina de ciencia y filosofía. También Aristofanes, en su Asamblea de mujeres, plantea un gobierno liderado por estas, ya que los hombres han sido incapaces de resolver los problemas que acosan al habitante de la polis. Célebre por sus comedias, de las que se vale para poner en entredicho las leyes y hacer pensar al pueblo preocupado por la guerra del Peloponeso, les da a las mujeres, un voto de confianza y apuesta por su buen hacer. 

Leonard y Virginia Woolf


Ya en pleno siglo XVI, Montaigne, un hombre reflexivo y penetrante observador de las contradicciones humanas, no duda en animar a escribir a la joven alumna María de Gournay, nombrándola después editora de sus memorias, aunque con esto cause no pocas habladurías en su contra, y el desprecio hacia la joven por parte de la sociedad de su época.

 A Virginia Woolf, le debemos la creación del “cuarto propio”, y a su esposo Leonard Woolf que le diera su apoyo y su amor incondicional, para que Virginia pudiera desarrollar su carrera de escritora, a pesar de su precario equilibrio mental y en tiempos de entre guerras. Cuando su esposa empezó sufrir crisis agudas de depresión, Leonard dejó su propia carrera de escritor y junto a Virginia compraron una pequeña imprenta manual que, con el tiempo se convertiría en la influyente editorial Hogarth Press, donde se publicó entre otros, a T S Eliot y tradujo a escritores como Rilke, Freud, H.G.Wells. En una carta fechada el mismo día en que Virginia se suicidó, escribe a su esposo: “Quiero decirte… todo el mundo lo sabe. Si alguien podía salvarme, hubieras sido tú. No queda nada en mí salvo la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo. No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido”.

 Mientras escribo sobre los Woolf, me viene al recuerdo y como antítesis de estos, Zenobia de Camprubí y Juan Ramón Jimenez, a quien el poeta vivió cortándole las alas como mujer y escritora, mientras él estiraba las suyas por el mundo , o el caso de Camille Claudel y el escultor Rodin, después de lograr entrar en el estudio del escultor, gracias a su hermano Paul, con la oposición de sus padres y familiares, Rodin, aunque valoraba su habilidad creadora, siempre procuraba tenerla opacada, temeroso de su talento.La obra de Camille no fue reconocida hasta bien entrado el siglo XX.



Emily  Dickinson


 A pesar del encierro escogido por la poeta Emily Dickinson y de su peculiar forma de ver la vida, siempre encontró apoyo en su familia. Su padre, el juez Dickinson, severo y de firmes convicciones religiosas y políticas, alentaba a Emily, reconocía su talento y la dejaba hacer, aunque él no entendiera mucho a esa hija tan especial que su dios le había enviado. Su madre siempre la cobijó con su cariño y el cuidado de su frágil salud, y sus hermanos, fueron cómplices muchas veces, de proporcionarle el material para sus escritos, acompañarla a los pocos viajes que hizo fuera de Amherst, y asegurarse, una vez que faltaron los padres, de que Emily tuviera todo lo necesario, tanto en el cuidado de su frágil salud, como preservar y dar a conocer sus maravillosos poemas.

Susan Sontag y su hijo David Rieff


 Un hijo que rompió moldes fue David Rieff. Desde pequeño admiró a su madre Susan Sontag, a pesar de que no debió ser fácil vivir a la sombra de una personalidad tan fuerte y arrolladora, como la de esta escritora norteamericana. Cuando en el año 2004 le informaron que su madre padecía de cáncer por tercera vez en su vida, permaneció a su lado, ayudando y acompañándola durante todo el proceso, apartando su propia carrera de crítico y periodista, más tarde,describiría en su ensayo, “Nadando en un mar de muerte” la enfermedad de su madre.


John Stuart Mill y Harriet Taylor

 Otro gran luchador por la dignidad de la mujer, fue el economista y filosofo británico, John Stuart Mill. Cuando conoció a Harriet Taylor en 1830, tenían ambos 20 años y ella estaba casada. De inmediato se sintieron unidos por el mismo pensamiento político-liberal y asumir la lucha por los derechos de la mujer como una razón de vida. Mantuvieron una fructífera relación de amistad y colaboración filosófica escribiendo “El sometimiento de la mujer”. Ambos compartían la idea de extender la educación formal para la mujer, y la igualdad del derecho al sufragio, la propiedad y la herencia. En 1859, un año después de la muerte de Harriet, Mills, escribió “Sobre la libertad” y en su dedicatoria escribió: “Dedico esta obra a la recordada y llorada memoria de aquella que fue la inspiradora y, en parte, autora de lo mejor de mis escritos. A la amiga y esposa, cuyo excelso sentido de la verdad y de la justicia fueron mi mayor acicate, y cuya aprobación constituyó el mejor de los reconocimientos. Al igual que todo lo escrito durante muchos años, este libro es tanto de ella como mío”.

Imágenes tomadas de la red

miércoles, 13 de marzo de 2013

DIES IRAE, UN CUENTO URBANO






 Dicen que todo comenzó cuando se oyeron en la ciudad unos gritos lejanos, salidos de algún lugar desconocido. 
Dicen que los perros, inquietos, fueron a refugiarse en los callejones más oscuros y remotos que albergaban los arrabales.
 Dicen que la reacción inmediata de todos fue golpear atrozmente a quien más cerca estuviese, el hijo al padre, el padre a la madre, la madre al vecino y el vecino a su esposa.
 Dicen que las mujeres- enjambres y enjambres de ellas-, siguieron a los hombres para violentarlos. Y lo hicieron.
 Dicen que los niños acosaron a los transeúntes hasta que estos tuvieron que subir a los árboles más altos para no ser alcanzados.
 Dicen que los autos envistieron a los peatones implacablemente, derribaron semáforos, faroles, puertas, subieron escaleras y más escaleras para dar en su blanco.
 Dicen que, una vez abatido el peatón, los demás conductores esperaron en pacientes filas su oportunidad para pasar sobre él.
 Dicen que las ancianas piadosas colocaron sus bastones convenientemente en el camino de los ciegos, para que éstos tropezaran y se fueran de bruces.
 Dicen que los mudos enloquecieron porque les fue imposible demostrar su miedo a gritos.

 Visión Memorable ( Fundarte, Caracas, 1987)

 MIGUEL GOMES Ensayista y crítico venezolano. Licenciado en Letras por la UCV, doctorándose en la Universidad Estatal de Nueva York. Ha publicado El pozo de las palabras, 1990. Poéticas del ensayo venezolano del siglo xx. Es autor de varios libros de cuentos, entre ellos: Visión memorable, La cueva de Altamira y Viudas, sirenas y libertinos.
  Visión memorable, reúne 48 textos breves, que nos hablan de la angustia urbana, de lo absurdo y surrealista de el ambiente que se respira en las grandes ciudades, que genera violencia y esta, cuando se hace cotidiana, indiferencia. Entre la fantasía y lo onírico sus cuentos y relatos son duras críticas a los estamentos políticos y sociales que vertebran la sociedad. Sus personajes sacados del día a día, de las calles y comercios, de los locos ambulantes, el carterista profesional y el ama de casa normal que sale a la calle, el autobusero que ensordece a los pasajeros con el volumen de la salsa, la eterna añoranza del emigrado, anecdotarios tragicómicos muchos de ellos, reporte del pulso diario de la gran ciudad.

Fotografía de Mario Cravo Neto, tomada de la red.



lunes, 25 de febrero de 2013

DESPUES DE LA SIESTA





Para Carmen, mi hermana


 Recuerdo que aquella tarde, amodorrada por la oscuridad del cuarto, luchaba para no dormirme. Nada peor para un niño que la siesta, el reposo cuando no hay cansancio, y el mundo entero está por descubrir. Afuera, no se oían los murmullos de las palabras extranjeras y entrecortadas por los chirridos metálicos del telefunken. Creo que mi padre había salido, a lo mejor se había cansado de tratar de sintonizar la BBC de Londres, buscando noticias sobre Franco. Era su ritual, sentarse al lado de ese enorme radio lleno de teclas que se hundían facilitas. A mí solo me estaba permitido mirarlo sin tocar y observar a mi padre, en su empeño cotidiano, solitario y esperanzado de oír que “a la dictadura le queda poco”. En las noches el sonido era mejor, y el volumen se reducía al mínimo, porque “las paredes oyen” y el miedo agudiza los sentidos. Yo solo pensaba que al levantarme de la siesta, podría ver de cerca el vestido de sevillana rojo con volantes blancos. Estaba colgado en una percha de metal, en medio de la sala. Lo habían traído por la mañana y era el foco de atención desde entonces. Mi hermana no le quitaba los ojos de encima, parecía soñar al verlo. Mi madre sonreía, asomándose al futuro a través del encaje de los faralaos. También estaban en la sala un baúl enorme verde oscuro, lleno de clavos y de cerraduras mágicas.





 A su alrededor y apiladas en santa paz, había sabanas de algodón bordadas, toallas gruesas, blusas de organdí y faldas de tubo, de esas que se ponía mi hermana cuando salía a pasear con sus novios. Y zapatos, muchos zapatos de tacón fino, puntiagudos, altos y desafiantes. Cuando ella salía, yo aprovechaba para zapatear por toda la casa, con mi pie pequeño que hacia doblarse asustado al zapato. Otra cosa muy diferente era las pinturas, inaccesibles, escondidas para mí, sobre todo el pintalabios y el colorete, frutas prohibidas del paraíso de los adultos que hacían mis delicias.






 Algo se avecinaba y yo no podía entender por qué la casa ardía en preparaciones, visitas, compras y revuelos. Mis padres decían que el futuro estaba en América y yo al oírlos, pensaba en viejos barcos a vela, mujeres hermosas y piratas buenos, que cruzaban el océano entre días soleados y noches estrelladas. Las mujeres hablaban de los inventos americanos como el nylon y las medias sin costura, y mi padre, de los avances de la televisión y en general del gran nivel de vida que por aquellas tierras había. El billete ya estaba comprado, de Madrid a Vigo, y allí un barco de la Transatlántica Española hasta el puerto de la Guaira, en Venezuela. De 10 a 14 días de navegación daban para mucho. Iría sola en el viaje, pero encomendada a todos los santos y patrones, y allá la esperaba la madrina. Ellas serian las primeras en explorar esas tierras lejanas de las que tanto se hablaba. Carmen era guapa, decidida y había terminado la carrera de magisterio; le iría bien. El viaje y sus alrededores nos quitaron el sueño por mucho tiempo.





 Allá en el nuevo país, se necesitaba mano de obra, mientras crecía como un adolescente y todo estaba por hacerse. De la construcción y la vialidad se encargaban los italianos, así como la sastrería y las tiendas de calzado. Los portugueses, generalmente de la isla de Madeira, tenían el monopolio de panaderías y viveros. Los españoles, especialmente canarios, de la siembra en los fértiles valles, de restaurantes, bares y comercio de víveres en general. Los alemanes, construyeron un poblado para ellos solos en las montañas que recordaban sus paisajes de Baviera; los árabes y judíos el negocio de telas y joyería. Y así, cada extranjero enseguida prendía como una planta nueva en tierra fértil. En los procesos de emigración en Latinoamérica se dieron bajo una característica especial, que Uslar Pietri llamaba “el injerto”, cuando la nueva cultura se mezcla con la autóctona y produce un fruto nuevo que tiene vida y características propias, con elementos de las dos culturas fundidas y amalgamadas en sus raíces.





 La vida continúo para todos. Los pequeños haciéndonos mayores y los mayores preparándose para marcharse. Había demasiadas tierras prometidas, demasiados cantos de sirena que atender. El mundo era inmenso, tan grande como decían los libros y las enciclopedias que había en la casa. Y así, a través del tiempo, se fueron creando nuevas biografías, las ausencias se fueron tejiendo con el quehacer diario y con el convencimiento que da la ley de la vida, que solo quita lo que nunca nos perteneció realmente.

Imágenes tomadas de la red.

martes, 29 de enero de 2013

SE RECOMIENDA SOÑAR...DESPIERTOS




Dicen los científicos y los expertos en conducta humana, que soñar es recomendable y beneficioso para nuestra salud mental, para sostenerse entre tanto vaivén al que estamos sometidos, como un punto de enlace, con la infancia de la que nunca debemos alejarnos y sobre todo, como motor indiscutible para la creación. Hölderlin, decía: “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona”. Nuestros mejores momentos, días y épocas, han sido a la espera de que el sueño cargado de esperanza, porque nunca viaja solo, se cumpliera, y esos momentos previos a su realización, han sido quizás, los de mayor disfrute.

 En el sueño, todo está dentro del campo de lo posible. Walt Disney, un soñador por excelencia, tenía en su lugar de trabajo, un espacio decorado con imágenes, dibujos, bocetos, ideas y conceptos que él llamaba “ el rincón para soñar”. De ese cuarto, dedicado a dar rienda suelta a la imaginación, saldrían las películas de cuentos, con los que disfrutamos varias generaciones, a pesar de la parte moralista y lacrimógena, que siempre llevaban,  hoy en día, son clásicos de la animación. Del sueño, nace la creatividad, es su motor de arranque y alimento indispensable, de él, se nutre dando paso después, a la innovación, en todos los campos cognitivos de la mente humana. 
 Dicen, que de la pregunta ¿y si?,  nació la ciencia ficción y tantas obras científicas y artísticas, en que sus autores simplemente, se dieron el permiso de soñar y después, utilizar los sueños,  como herramientas maravillosas para llevar sus proyectos a la práctica. 




 Del acto creativo, podemos distinguir tres fases fundamentales para que se realice: el primero, seria soñarlosin restricciones, sin miedo, aplicándonos el hecho de que somos seres ilimitados, en nuestra capacidad de pensar y crear mundos paralelos a la realidad. El segundo paso, sería la etapa realista, aquella en que la razón entra en el juego, junto a la lógica y el sentido común, que nos advierte de lo posible y realizable, nos concreta poniendonos los pies en tierra. Y la tercera fase, seria aquella, en que se lleva a la práctica, materializando el sueño, haciéndolo nuestro, propio, luchando por él, apartando el miedo, sin desistir. Y si nos equivocarnos, no sentir la batalla perdida, admitir el hecho de haber encontrado otra manera de ver las cosas, otro camino, aunque este, no nos sirva para nuestro proyecto o meta. De cuantos proyectos desviados de la idea original, no nos ha beneficiado la ciencia, la farmacopea, etc.




 La edad más creativa del ser humano, está entre los 2 y los 4 años. Las redes de neuronas, con que trabaja nuestro cerebro, se activan unas con otras, provocando autenticas marejadas de ideas. A partir de los 7 años, disminuye esa capacidad, aunque seguirá presente en todo nuestro desarrollo. Sin restricciones, el cerebro es ilimitado, pero después con el crecimiento, vienen las limitaciones sociales, ambientales, culturales; zancadillas y represas al hecho humano por excelencia de la creatividad. Siempre es más dócil y manejable, el individuo que sigue los lineamientos sin rechistar, establecidos por los intereses de otros.
 Shekespeare, dijo una vez : “estamos hechos de la misma materia de los sueños”, somos sueños, que hay que desarrollar y construir, aunque también tengamos la alternativa,  de quedarnos viviendo dentro del sueño o de sus alrededores…

Imágenes tomadas del blog El baul que no tenia mi abuela y de la red

martes, 22 de enero de 2013

RESEÑA PUBLICADA EN LOQUELEIMOS.COM



Siempre es bueno y alentador saber que otros compañeros, con los que compartimos la afición  al apasionante mundo de las letras, te publiquen  algo en su espacio, por eso, aprovecho la ocasión para agradecer a Luis SM y su equipo del portal www.loqueleimos.com, dedicado a reseñas de libros, por la publicación de" Cuando fumar era un placer" de Cristina Peri Rossi  que escribí hace algún tiempo, igualmente  recomendarles este sitio ameno y bien construido de reseñas de todo tipo de literatura, especialmente narrativa.
Saludos cordiales desde Caracas y muchas gracias

martes, 8 de enero de 2013

DIARIOS DE RIBEYRO








Por estos días leo los diarios de Julio Ramón Ribeyro y me sorprende su cercanía, la identificación que puede sentir cualquiera que escriba, desde el escribidor aficionado  al escritor  consagrado. Cualquiera que le dedique pasión y tiempo a este oficio, al arte de expresar por medio de la palabra,  las distintas  formas de ver la vida  y tomar posición  ante ella.
 En algún momento, muchos de nosotros hemos llevado  un diario con más o menos gloria, hemos sentido la necesidad de la confesión al papel del que suponemos el mejor de los oyentes, al menos el más fiel e incondicional. Dice Ribeyro, que todo diario nace de la soledad, de la escapatoria, de la necesidad vital de comunicación y expresión que nos identifica como raza humana. Es difícil llevar un diario cuando no hay introspección y una mirada sincera hacia el interior de nosotros mismos. Se supone que los diarios están escritos para ser leídos por el mismo que lo escribe, en una especie de relación íntima,  viendo la evolución y el fluir de conciencia, pero en el fondo, todos desean ser leídos por un lector curioso y que se produzca  entre ambos el beneficio de la identificación. 






 Ribeyro comenzó a escribir sus diarios en los años 50 en Lima, y de allí se autoexilió a París,  donde trabajó como periodista para la agencia France Presse y más tarde, fue consejero cultural y embajador  para la Unesco. De sus años en esta ciudad están fechadas sus mejores páginas, amaba la ciudad, sus brumas y sus gentes, y cuando se alejaba por trabajo o descanso, no dejaba de nombrarla y piar por ella. Vivió también en Madrid, Múnich, Berlín. De su estadía en Madrid comenta: “Es curioso, pero en Madrid pierdo la capacidad de concentración y tiendo a extrovertirme.  Me resulta difícil permanecer solitario, reflexionar, en consecuencia mantener con regularidad este diario. Prueba de ello es que durante los ocho meses   de mi primera residencia en esta ciudad ( noviembre de 1952 a julio de 1953) no escribí ni una sola línea en este cuaderno y mas bien frecuenté los cafés y a los amigos. En París todo resulta distinto. Es una gran escuela de la soledad”     
Palabras curiosas para una persona introvertida y silenciosa como él. Como todo escritor que se precie, es un gran observador, poco conversador, dedica la mayoría de su tiempo a observar el latido de la vida, detallando los lugares y sobre todo a la gente que le rodea. De este poder de percepción nacen sus personajes, sus libros de cuentos,  historias cotidianas que están al alcance de la mirada; seres con los  que compartimos la ciudad y avatares diarios, pero que por su cotidianeidad no son reseñadas, apenas tenidas en cuenta como algo interesante a relatar.
Sus diarios, escritos con una absoluta sinceridad, dan cuenta de una personalidad quisquillosa, empeñada en buscar la quinta pata al gato, un eterno desasosiego le habita, que él reconoce y admite y alienta, como un destino, del cual no puede ni debe sustraerse; es un escritor, un bohemio que narra la vida y esa es su mirada.





En sus diarios, nos reconocemos como seres inconstantes, siempre dispuestos a posponer la disciplina que este oficio necesita para escribir y después corregir, apartándonos del fluir cotidiano de la vida. De sentir el peso de la soledad que implica estar ante la hoja en blanco que nos desafía y nos convoca al mismo tiempo. De los remordimientos que sentimos al no poder compaginar  muchas veces, los roles asignados de proveedor para el hombre, y cuidadora y defensora de la vida para la mujer, con la pasión por la escritura, con la  sensación de felicidad que nos produce todo lo relacionado con la palabra, su oficio y divertimento.
De sus diarios se desprende la hoja de vida de un hombre común y silvestre, cercano como sus rituales y miedos. Se reconoce  buen amigo de sus amigos con los que mantiene conversaciones que se prolongan hasta el amanecer en su modesto apartamento de la Place Falguiére. Sus contertulios y paisanos Brice Echenique, Vargas Llosa entre otros, a los que admira y con los que en determinadas épocas compartió vivienda. Cerca de ellos siente, a pesar de todo, ser un escritor fracasado, incapaz de escribir “la novela” como Cien años de soledad, La ciudad y los perros o Un mundo para Julius. Se auto describe como escritor de corto aliento, incapaz de largos trayectos por falta de concentración y una noria de estados anímicos que le llevan de la exaltación del gran escritor al fracasado. Al contrario que los escritores de su generación apostó por el cuento, el relato corto que sintetiza en el escueto y cuidado lenguaje, la mirada siempre ávida de nuevas posibilidades narrativas.





Después de leer su diario, me encamino de nuevo a sus cuentos, que ahora leo sabiendo las circunstancias en que los escribió. Es una extraña sensación la de conocer sus pensamientos mas íntimos con los que nacieron algunos de ellos, sus problemas de salud, muchas veces al borde de un desenlace fatal, sus soledades parisinas, la relación familiar, la  añoranza  por sus paisajes y al mismo tiempo, el desencanto al acercarse a ellos. La camaradería y rivalidad con escritores amigos, que le lleva a pensar en el tiempo perdido en vivir lejos de sus manuscritos, y sumergirse en su vida laboral; en lo que hizo o dejó de hacer en un constante y duro autoanálisis.
 “Nosotros tenemos una personalidad compuesta de lecturas y que pide prestada- cuando escribimos- su ética, sus sentimientos, sus convicciones y su lenguaje, no al hombre cotidiano que la porta, si no a los cientos de personajes confundidos que encierra nuestra memoria”
La distancia escritor- lector se acorta, late entre sus páginas la vida que transcurre con los sobresaltos y la placidez que todos conocemos. Entre sus páginas no encontramos ni al mito, ni a al héroe, ni al hombre que escribe con poses de sabio. Su eterna duda sobre sus capacidades ante el quehacer literario, el planeo entre la vida real presentada en su dura realidad y la magia y control que se puede tener al crear historias, nos sitúan ante un libro de carácter intimo y testimonial que, como un espejo, muestra el alma del que lo escribió un día, buscando el desahogo y bienestar que da la confesión.

La tentación del fracaso
Julio Ramón Ribeyro. Ed. Seix Barral, Biblioteca Breve.

Imágenes tomadas de la red

jueves, 20 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD, FELICES DIAS



 ¿Os acordáis de los "crismas" de Ferrandiz?, en estos días al encontrarlos navegando por los mares infinitos de internet , me trajeron buenos recuerdos de otras navidades, cuando las felicitaciones llegaban por correo y las tría el cartero, en sus sobres abultados y de c olores y nuestros padres, aprovechaban para hacerlos pasar a la casa y darles una copita de vino y el aguinaldo, y luego de leerlas, las colocábamos abiertas encima del aparador de la sala , en demostración de todos los familiares y amigos que teníamos que se acordaban de nosotros y nos deseaban todo lo mejor.
 También por estas fechas se invitaba a pasar al sereno que venía sin sus infalibles llaves, igualmente a los del aseo urbano que nos traían una tarjeta de Felices Pascuas, a los vecinos y a los espontáneos que se aparecían sin previo aviso; total que la casa era in ir y venir de gentes que los más pequeños por entonces, no entendíamos mucho, pero nos gustaba el trasiego que alteraba las tradicionales horas de la familia.




 Otra cosa eran las visitas tediosas de las señoras o matrimonios encopetados para visitas, que apenas nos dejaban abrir la boca mientras permanecíamos sentados y derechos como velas, oyendo las incomprensibles conversaciones de los mayores. El vino moscatel de mi padre salía a relucir junto con los turrones que preparaba mi madre, con las recetas de mis abuelos confiteros, y que a ella, le recordaba su infancia rodeada de almendras, azúcar y piñones, en un pueblito de la Castilla más profunda y ancestral. Unos y otros fueron dejando paso a los nuevos tiempos, a las felicitaciones y a los besos y abrazos virtuales, que aunque nunca serán igual, al menos nos acercan un poco mas en estos días.




 FELIZ NAVIDAD PARA TODOS Y QUE EL PROXIMO 2013 A PESAR DE LOS AUGURIOS, SEA DE BIEN Y DE PAZ.

 BESOS Y ABRAZOS
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