Cada ciudad como cada quien, tiene una manera personal y única de despertarse, de amanecer y descubrir el nuevo día. En la primavera, ese cruce de caminos entre los fríos rigurosos de invierno y los tórridos veranos, surgen las ciudades perezosas, que entre bostezos y nuevos sonidos, va perfilando las siluetas de los edificios. Los ruidos y las voces que la acompañarán al menos, durante las horas de luz, y que a lo largo del día, se multiplican en progresiones geométricas incalculables.
Madrid, siempre fue de amaneceres lentos, perezosos, propios del que se acuesta tarde y el sueño pegado aun a la piel, le impide moverse con agilidad. Los gorriones y los mirlos, comienzan con sus rutinas habituales de cantos y graznidos, ajenos a otros despertares. De las bocas del metro, van saliendo hombres y mujeres cansados, porque han visto crecer la noche, mientras conversan animadamente en las terrazas. En la mañana, las sillas duermen apiladas en simétricos montones, mientras el barrendero aprovecha la quietud de la hora para ejercer su mando.
En el barrio romano del Trastevere, por su proximidad al mar y la cercanía a las aguas del rio Tiber, se oyen las gaviotas inquietas por los trasiegos entre la tierra y el agua que mana en Roma por cualquier parte, en las grandes fontanas y en las pequeñas y familiares fuentes de chorros abiertos, a todo el que quiera refrescarse de sus calores pegajosos. Café latte caliente, caras amistosas y bulla en las mesas, todos hablan al tiempo, pero no importa el no oírse, se siente uno bien.
La gran metrópolis de París nos despierta en esos días, entre lluvia fina y voces quedas. Recuerdo a Jaques Dutronc y su canción "París se reveille”, donde cuenta el Paris que él conoce bien y pasea, cuando se acuesta a las 5 de la mañana.Cuando cansancio de los amantes termina con los sueños, mientras en los cafés, se limpian con fruición sus vidrios para que el parisino siempre “voyeur” del paso de los otros, pueda recrearse y abstraerse en una contemplación que olvida al dialogo.
Cafés pequeños y coloridos, en todas las esquinas, de todos los formatos. Terrazas bien dispuestas en filas de mesas y asientos, como las de los cines o cualquier espectáculo, que invitan a ver y dejarse ver, no al dialogo entre los que las comparten.
Mientras la ciudad amanece, en los hoteles siempre fríos e impersonales se arropan las soledades, y los turistas se preparan para el recorrido exhaustivo y cansino que nos hará recorrer los lugares señalados por todos de que" hay que ver", dejando poco tiempo y espacio para aquellos lugares que se van encontrando en el camino: una plaza pequeña que no nos lleva a ninguna parte, un banco a la sombra fresca de un castaño.
Las ciudades se asemejan en sus despertares, son las mismas somnolencias que las ponen en marcha y los mismos desvelos al terminar el día, mientras el turista ajeno a estos afanes “va de su corazón a sus asuntos” con las pupilas repletas de imágenes queriendo apresar el tiempo en la memoria, siempre inasible haciéndose pasado.
Como siempre, muy bella descripción. ¿Y como amanece en Caracas? Alguien me dijo una vez que los grillos venezolanos cantan mejor que cualquier otro. Pero imagino que no será en Caracas.
ResponderEliminarPues si, tienes razón, los grillos aquí en Venezuela cantan que da gusto, pero principalmente se oyen en las noches, mas que en los amaneceres, en las mañana son los loros y ahora en verano las guacamayas un pájaro grande y colorido que en esta época del año vienen a comer mangos que están en plena estación.
EliminarUn gran abrazo
Bienbenida,noté tu ausencia.
ResponderEliminarVeo que regresas poética y cargada de experiencias. Que bello escrito, que descripción tan sencilla de los amaneceres y sus bostezos;cuanta sensibilidad se desprende de lo cotidiano, vulgarmente ignorado por falta de obserbación.
Se nota que has viajado sin perder un mínimo de paisaje, es bueno captar los efectos especiales de cada lugar, introducirse en sus espectáculos vivientes y enriquecerse con posesiones cargadas de amor.
Un abrazo
Hola Gene, yo también extrañé las noticias tuyas, ya sabes que me gusta observar, no hay cosa mas deliciosa que sentarse en un banquito y ver pasar a la gente, cada quien a su aire, metido en su burbuja con sus historias y sus vidas particulares y únicas, y al mismo tiempo
Eliminartan comunes a los demás, en cuanto a anhelos y vivencias.
Te mando un abrazo.
Te esperaba, esperaba tus análisis, tus textos tan llenos de historias.
ResponderEliminarMe alegro que el viaje te haya dejado tantas imágenes que seguramente irán brotando en tus palabras
Ahora quien se va soy yo,(mar, playa y libros, tiempo para soñar, para imaginar, para observar).
Espero poder seguir leyéndote desde mi lugar.
Un beso
Cuando uno viaja se va cargando de imágenes que se archivan en algún lugar de la memoria, luego viene el rumiarlas en los distintos estómagos cuando se vuelve a tener algo de calma y el tiempo no se nos va tan velozmente, que a veces parece un sueño.
EliminarMe parece muy bien que tomes un descanso de mar y playa, que lo disfrutes mucho, querida Bea.
Describes con muchísima sutilezas estos amaneceres se nota que son vivencias... preciosos!
ResponderEliminarUn saludo: no conocía tu blog pero por lo que entiendo es que estuviste ausente.Me quedo por tu ventanita para de vez en cuando asomarme.
Un abrazo.
Gracias Bertha por tu lectura y por acercarte hasta la ventana por la que me permite comunicarme y conocer gente, con las mismas aficiones e inquietudes que uno.
EliminarUn abrazo desde Caracas.
El mejor despertar de una ciudad es el del domingo, ese despertar privado, para unos pocos, ese desperezarse en completo silencio allí donde cualquier otro día de la semana ya hay un espanto de motores y ajetreo. Y en Madrid recuerdo un despertar dominical en el llamado Barrio de las Letras, donde me topé de pronto con una churrería que hizo de ese instante algo inolvidable. Saludos.
ResponderEliminarSabes Juan, que soy una comedora de churrros y porras, en Madrid son ricas, de pequeña era el desayuno de los domingos, recuerdo que venían ensartados en una ramita de junco, verde y flexible que hacían nuestras delicias, ya quedan pocas churrerias en Madrid , cosa que lamento siempre que vuelvo.
EliminarUn abrazo, amigo
Hola Guapa:
ResponderEliminarHas regresado...con una buena reflexión. Cada quien despierta entre somnolencias de querer seguir adelante.
Espero que todo haya ido bien
Si, creo que por simple instinto el ser humano tiende a seguir adelante, parece que vienen tiempos difíciles para ambos países, por lo que coger aire y hacer un paréntesis, es de lo mas saludable.
EliminarTe mando un abrazo desde mi ventana que ve al Ävila.
Así es amiga mía, las ciudades son como las personas, todas semejantes, pero no iguales. Como las personas andan, cada una a su manera, también las ciudades al despertar tienen sus propios andares. Muchas veces cuando he visitado ciudades distinta a la mía, he madrugado, y solo, he salido para ver como despertaba, como la gente salía de sus casas, He tomado un café en algún pequeño bar, he visto como en algunas la gente entraba en las iglesias o cómo en otras pasaba de largo, he visto...
ResponderEliminarMe alegro de verte de vuelta. Como siempre ha sido un placer leerte. Un abrazo.
Yo también soy tempranera, sobre todo para conocer los lugares nuevos, es la mejor manera, así le agarra uno el pulso a la ciudad, a sus costumbres, y a sus desvelos, igual que conocer los mercados que son imprescindibles para tener una idea mas real de la historia, tu sabes bien eso,amigo.
EliminarUn abrazo.
Un texto muy bello. Qué importa que la excusa sea el amanecer en la ciudad -una buena excusa, por cierto-
ResponderEliminarGracias Tristan por acercarte al blog y tu comentario.
EliminarSaludos
El amanecer de la ciudad es como el despertar de una persona. Se levanta y va preparandosse para una jornada más.
ResponderEliminarSaludos
Hola Ohma, si las ciudades como los hombres amanecen con sus diferencias y particularidades, es bonito verlas crecer durante el día.
EliminarSaludos cordiales
Hermosas y vividas imagenes que nos regalas en esta preciosa entrada Maria. Amo los amaneceres porque me dan la oportunidad de seguir disfrutando de las cosas bellas de la vida, y me duermo con la esperanza de poder volver a disfrutar de otra mas.
ResponderEliminarSaludos amiga mia, y que bien que ya podamos seguir disfrutando de tu amena presencia.
Gracias amiga por tu presencia en el blog, yo tambien soy de amaneceres, me encantan las mañanas, el nuevo día cargado de esperanzas.
ResponderEliminarUn abrazo, querida.
Que bello texto!, bien escrito y con esta Idea-Madre de la identidad de las ciudades reflejada en sus despertares que me parece sumamente atractiva para explorar. Me voy pensando en como es el despertar de Santiago de Chile, voy desde mi corazón a mis asuntos "con las pupilas repletas de imágenes queriendo apresar el tiempo en la memoria, siempre inasible haciéndose pasado."
ResponderEliminarUn tremendo abrazo desde este despertar al tuyo!
Me imagino amiga, que los amaneceres de Chile serán tan hermosos como su geografía y sus gentes, los del Trópico son muy rápidos, en media hora anoche o amanece, poco se puede disfrutar de la variedad de tonalidades como en otros países de amaneceres mas lentos.
EliminarGracias por tu visita, un abrazo
amo la noche ,por lo tanto los amaneceres no son lo mio, pero visto de la forma en que lo escribes, se ven diferentes.
ResponderEliminarmi blog es:
elblogdemaku.blogspot.com
si te gusta podemos hacernos seguidoras.
Un saludo
Me gusta tu blog, siempre es interesante conocer gente que tiene la inquietud de escribir y comunicarse por este medio, te sigo.
ResponderEliminarUn abrazo.
Tras leer tu post mi instinto fue desperezarme, pero no porque fuese aburrido, sino por sentirme trasladado en hora y lugar por el embrujo de tu bella descripción. Un saludo.
ResponderEliminarAmigo, un abrazo y gracias por pasar.
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●Feliz Fin De Semana●
★MaRiBeL★
Maribel, que original el dibujo, como lo haces? debes de ser una manitas en estas cuestiones.
EliminarUn abrazo
Que bien defines los despertares y con ellos los viajes con las prisas de querer ver mucho en poco tiempo.
ResponderEliminarEl despertar de Madrid, es el que conozco por vivir en él.
Me gusta vivir de día.
Un abrazo.
También el que mejor conozco es el de Madrid, los demas los voy conociendo poco a poco y me encantan.
EliminarUn abrazo y gracias por pasar
Tu entrada me provoca admiración, por lo bien (d)escrito.
ResponderEliminarMe quedo aquí! Nos leemos,
Una sonrisa,
Amiga, conocí tus blogs, nos leemos.
EliminarOtra sonrisa para ti.
Es un placer disfrutar de una descripción tan elocuente y sentirse transportado a ella, enhorabuena.
ResponderEliminarGracias por seguir mi blog.
Te observo desde mi ventana.
Saludos.
Nos seguimos
EliminarUn abrazo
Querida María, tu mirada poética me ha llevado por esas ciudades del mundo que percibes con la sutilza de los detalles y las emociones que laten en su vida cotidiana, pero que son un acontecimiento, un descubrimiento para quienes las observan con ávidos ojos de viajero, que no miran para conocer lugares, espacios y expresiones o tipos humanos, sino para llevárselas y un día dibujarlas, sentirlas, recordarlas, recrearlas.
ResponderEliminarEs un texto bellísimo, María
Un abrazo muy grande desde el Madrid compartido
Es cierto amiga, para el que las vive cotidianamente, apenas las percibe, pero el viajero, el que se ausenta y vuelve, tiene otra mirada, mas observadora, mas critica, quizás porque como dices uno espera llevárselas en la memoria, en el compartimento donde se guarda lo querido.
EliminarUn abrazo muy grande desde el Madrid compartido.
Buona domenica e felice inizio settembre per te...ciao
ResponderEliminarUn buen domingo tambien para ti, en tu bella Italia.
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