miércoles, 29 de febrero de 2012

LA HORA PELIGROSA

Obra de Oswaldo Guayasamin


Clarice Lispector escribió un cuento hermoso que se llama Amor. Es la historia de Ana una mujer madura, común y corriente, que ejerce el oficio del cuidado de la casa, de los hijos, del marido, comida, ropa, cuidados médicos, etc. Dedicación a tiempo completo. Bajo su sombra todo crece y se desarrolla menos ella. Su día a día es un ir y venir de mandados, arreglos y atención de solicitudes ajenas y olvido de las propias.
La vida de Ana pareciera programada culturalmente por una instancia superior. Todo parece transcurrir con el sosiego adormecedor de la monotonía. Todo parece estar bajo control, siempre y cuando no haya un tiempo y un espacio para detenerse y pensar; mientras la vida no la nombre ni le pida cuentas. Vida elegida por ella donde reposa el peligro y el vértigo de vivir.
Una tarde, en un paseo fuera de la casa, un hecho banal y fortuito, produce una ruptura en su tejido de araña, por que a veces y solo a veces , un murmullo, una voz fuera del tono habitual, un hecho simple basta para despertar los sentidos a la vida y comenzar a percibir el palpito de esta.
Pero ese despertar es ligero, no hace mella, ni sombra, y al final la rutina como un río que crece reclama su fuerza y su cauce. Otras veces, ocurre lo que Clarice llama la hora peligrosa, en ese encuentro consigo mismo, sin distracciones, sin olvidos; en un tiempo en que se reúnen las fuerzas necesarias por que se presiente el fondo y las aguas se han vuelto inesperadamente nítidas.
En la hora peligrosa, el miedo a la libertad de elección acecha en forma de sueño y presagio. Quizás un día, y en esa hora peligrosa, Clarice Lispector agarró un lápiz y comenzó a escribir.

domingo, 19 de febrero de 2012

LAS MUJERES DEL QUIJOTE.



De niños, descubrimos en las lecturas del Quijote, que había hombres soñadores, capaces de llevar golpes y dejarse la piel por seguir sus ideales, y eso nos llenaba de asombro disparando la imaginación. En la medida que pasaba el tiempo, fueron cambiando las lecturas, y comprendimos que si no se tenia conciencia del mundo en que se habitaba, seria muy difícil decir algo sobre él, interpretarlo y después, tratar de cambiar todo aquello con lo que no se estaba de acuerdo. Por eso el Quijote es la historia de un sueño y de su soñante. Entre sus páginas habitan todos los personajes representativos del mundo real, Antonio Muñoz Molina, la llamó “la novela de la vida” donde todos, entre sueños y vigilias nos vimos reflejados alguna vez.

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En él, Cervantes quiso representar a la mujer, no con la dicotomía propia de esa época: el ángel o demonio, María madre de Jesús o Magdalena pecadora, sino que amplió el espectro para humanizarla convirtiéndola en un ser real, de apetencias y carnalidades, espiritualidad y belleza; aciertos y frustraciones. Lógicamente condicionado por su época, valora la castidad y el buen nombre de la mujer por encima de otras cualidades, pero no lo limita a la hora de estimarlas.
Cervantes tuvo tres hermanas y una madre, Leonor de Cortinas, activa y de firme carácter, que no dudó un momento en hacerse pasar por viuda y comparecer numerosas veces, ante el Consejo de la Cruzada, para gestionar y conseguir un préstamo para liberar a sus hijos Miguel y Rodrigo, presos en una cárcel de Argel.




Entre la galería de mujeres que tienen voz aparece Marcela, hija de señores, y criada con mimo por un tío sacerdote a la muerte de sus padres. Tiene fortuna y belleza, y una honradez probada, por lo que es pretendida por todo tipo de hombres, desde el señor al labriego que le ofrecen nombre y protección. Pero Marcela, decide hacerse pastora, y no tener mas limite y dueño que la naturaleza por la que campea libre y con mucha lógica, y buena palabra, defiende su soltería ante los que se le acercan asombrados de su decisión.

Maritornes, asturiana, (que es lo mismo que decir limpieza de sangre), mujer de firmes convicciones, trabaja en la venta y es maltratada por su dueño a la que considera prácticamente una ramera. Desinhibida y de mente clara para saber lo que buscan los hombres en ella, cumplidora por demás, otorga favores con alegría y sin mayores remilgos “Y cuéntese de esta buena moza que jamás dio semejantes palabras que no las cumpliese”. Maneja y disfruta su vida con los recursos que posee, se burla de don Quijote, de sus finas e inentendibles palabras, de sus delirios de grandeza, pero al mismo tiempo, cuando don Quijote llega a la venta todo maltrecho y molido a golpes, es la única que le cura amorosamente sus heridas.



Teresa Cascajo, mas conocida Teresa Panza, por su marido Sancho, mujer de sabiduría popular, pragmática en sus decisiones, por qué alguien tiene que tener los pies en la tierra después de que Sancho se decidiera a seguir al hidalgo y desaparecer por largas temporadas, quedando todo y todos bajo el cuidado de Teresa. Ella representa el amor carnal, de preocupaciones reales y concretas, la cotidianidad exenta de artificios.
Es, de las que cree aquello de “la mujer honrada, la pierna quebrada y en casa, y la doncella honesta el hacer algo es su fiesta”. En el tiempo que comparte con su marido, le habla de sus preocupaciones por casar bien a Mari Sancha con un mozo que esté a su altura, y de que Sanchico ha cumplido los quince años, y es hora de ir a la escuela o que se valla buscando la vida.
Teresa a pesar de no entender a Sancho, le deja hacer porque confía en el, y a veces, se suma a las ensoñaciones del marido, buscando también, una salida a su dura realidad.

Dulcinea del Toboso, mujer que solo existe en la imaginación de Don Alonso de Quijano. Es la encarnación del amor platónico, el amor que se da en soledad; el amor de ida sin vuelta. Creada totalmente en la imaginación del caballero, construida a la medida de sus necesidades, la dama-musa, dará sentido a sus hazañas, ocupando un vacío afectivo y rellenando los espacios en blanco de su vida.
Dulcinea será la dueña de sus pensamientos, logrando que la ficción suplante a la realidad, es el amor que nutre al hidalgo porque es la sumatoria de sus ideales, y sacia su espíritu siempre ávido de lo inalcanzable, como corresponde aun romántico y a un caballero. Hasta el mismo Sancho cae en su juego, cuando Don Alonso le pregunta si le entregó su carta a Dulcinea, Sancho inventa y le complace con sus palabras, como el compañero fiel, que ha compartido penas y soledades, prefiere no despertarle del sueño amoroso en el que cree que debe permanecer un hidalgo caballero.



Las mujeres del Quijote de Miguel de Cervantes Saavedra.
Editorial MAXTOR. Madrid 2004. Edición Facsímil.

Imágenes, Dmitri Yakovin tomadas del blog elBaúl que no tenía mi aBuela.

lunes, 13 de febrero de 2012

EL OTRO BRASIL




La primera vez que oí la canción "Construcción" de Chico Buarque fue en los 70. Me sorprendió la cadencia casi susurrante de una voz, donde se deslizaban las duras y poéticas imágenes con las que relata la historia de un día, de un hombre en medio de una multitud anónima. Una historia cotidiana de las tantas que reseñan los periódicos de cualquier ciudad. La cara menos amable de un país que se esfuerza en no mostrar, todo lo que no sea samba, fútbol y carnaval.

La generación de los 60 en Brasil, estuvo determinada por la dictadura militar, y es entonces, cuando surgen músicos como Chico Buarque, Caetano Veloso, Vinicius de Moraes que dan voz y presencia a las clases marginales, a los perdedores oficiales.
Mientras en el país se consolida el proceso de industrialización, las migraciones del campo hacia la ciudad conforman una nueva realidad. Aparecen en los montes que circundan las ciudades, una nueva flora y fauna que se va extendiendo y echando raíces. La marginalidad, los que integran las clases D y E en las encuestas, y sólo son tomados en cuenta en las campañas pre-electorales cada x numero de años. Pertenecen al rebaño más numeroso de todos los que pueblan la ciudad; su mansedumbre desconcierta y asusta. Alejados de los centros urbanos, desde alturas privilegiadas, dominan visualmente la ciudad a la que no tienen acceso, si no como mano de obra barata y masiva. Cuando bajan a la ciudad se pierden como los demás, entre una multitud que esta conformada por la sumatoria de todas las soledades. Son generalmente la carne de cañón con que se nutren las últimas páginas de los periódicos.





Saben con seguridad que sus expectativas de vida serán menores que la de sus conciudadanos; la violencia y el olvido se los llevará antes. Por eso apuran los días y las noches. Es la otra cara de la ciudad que pocas veces vemos en las telenovelas, suerte de espejos de la sociedad donde Brasil siempre supo vender su imagen. En ellas, nos muestran ciudades con trazados perfectos y ordenados, pueblos pintorescos y graciosos, hermosos paseos marítimos; personajes emblemáticos, amistosos. Las diferencias de clases la resuelven parcializándose con el débil y ridiculizando al rico.

Fue con el “cinema novo” que supimos por primera vez de los “sin-tierra” y de las luchas fratricidas en el interior del inmenso país. Al cineasta Glauber Rocha, durante los años de la dictadura, le confiscaron todas las copias de “Dios y el Diablo”, sólo pudo salvar una que presentó en Cannes, donde ganó ese año un premio. Cada sociedad crea su propio estereotipo y luego son las otras, las que se encargan de difundirlo y perpetuarlo ante los demás.






Así hablar de Brasil en los 40, era hablar de Carmen Miranda, con una piña en la cabeza sonriendo picaronamente ante un publico entusiasmado. Imagen creada por Hollywood, la mayor fábrica de estereotipos de occidente. Años más tarde seria el fútbol el que haría visible a Brasil en el mundo. Pelé, fue el mejor exponente de ese universo de favelas y villas miserias, donde se sueña con patear el mundo representado por un balón. Por el Maracaná han pasado desde hace muchos años hombres convertidos en estrellas fugaces, que más tarde, terminan muy bien pagados formando parte de las ligas nacionales de otros países.





Universo frágil y con fecha de caducidad que imponen los comités de selección de los equipos convertidos en transnacionales del deporte y la diversión.
 Todos los años en Febrero o Marzo, entre calores húmedos llega el Carnaval, la gran catarsis colectiva, a una ciudad acorralada entre el mar y la montaña. Río abre un paréntesis luminoso de 7 días y 7 noches de un perfecto sincronismo con los sueños, y lo no real. Después, continúan los 358 días restantes con los que hay que seguir viviendo, subir a la construcción como si fuese maquina, erguir en la planta cuatro paredes sólidas, ladrillo con ladrillo en un diseño mágico….....

viernes, 27 de enero de 2012

GIACOMO CASANOVA, SU PASIÓN POR LA VIDA Y LAS MUJERES.



Asociamos la imagen de Casanova a la virilidad, al mujeriego, al aventurero, espadachín y pendenciero.
 Y sí, es verdad que fue todo esto, pero también mucho más, un personaje poliédrico que vivió la vida con intensidad y, como un día dijera el poeta, amó todo lo que las mujeres tienen de hospitalario.
Nació en Venecia, hijo de comediantes, parecía destinado al olvido de todos, por un problema de pólipos nasales, que le dificultaban la respiración. Vivía con la boca abierta, por lo que pensaban que era corto de luces, hasta que una tía suya, en Murano, lo hizo operar por una curandera, y este hecho, le cambio la vida para siempre.
Estudió leyes en Pádua, le encantaba el ocultismo, la magia y la cábala, como era de espíritu inquieto, empezó a viajar desde temprano, a conocer mundo, “cultivar los placeres de mis sentidos, fue mi principal ocupación durante toda mi vida; nunca he tenido nada mas importante. Como me sentía nacido para el sexo diferente al mío, lo he amado siempre, y me he hecho amar todo lo que he podido.”



En 1768, decide conocer España, donde pasará un año expulsado de Viena por hacer trampas en el juego. Se traslada a París y desde allí, a Madrid.
Como era costumbre en la época, entre la nobleza y las clases altas, trae cartas de recomendación, para diversos personajes de la política en Madrid, que le presentan en sociedad, sobre todo, en las tertulias de mujeres aristócratas y personajes del mundo farandulero, como La Pichona, antigua amante del conde de Medinaceli, que le abre las puertas de su corazón y del Madrid de las intrigas y pasiones desbordadas.
Le impresiona España, la gran influencia de la iglesia y de su brazo armado la Inquisición. La siente pacata y en constante contradicción con su carácter vivo y animoso.
Escribe extrañado, que su habitación en la posada, tenga el cerrojo por fuera y no por dentro, como es usual. Cuando pregunta al posadero, le dicen, que son disposiciones de la Inquisición hacia los extranjeros, para saber y controlar en cualquier momento, las actividades de éstos con respecto, por ejemplo:¿ si come carne en vigilia?, ¿ quiénes duermen en el cuarto?; en caso de que sean hombre y mujer, asegurarse de que estén casados.
Se da cuenta, que las iglesias son un punto importante de encuentro social, donde se acude para ver y dejarse ver, que las mujeres sobre todo, viven subordinadas a sus padres y “el que dirán”, pesa más que las autenticas convicciones.
Aunque no se le puede considerar un hombre de carácter religioso, se deja llevar por las costumbres locales, acude a la misa mayor y aprende a descifrar el lenguaje de las miradas, comentando: "En las plazas, en las iglesias, en los espectáculos, hablan con los ojos a quien quieren, pues poseen a la perfección este seductor lenguaje”.





Historie de ma vie, escrito en francés, es el libro al que se dedicó en sus últimos años, cuando se retira resignado a Dux, en Bohemia, como bibliotecario del conde de Waldenstein y a falta de vivencias, decide escribir su vida, su historia, sus aventuras, quizás algo noveladas, pero donde puede volver a sentir el latido de la vida, que poco a poco, se le va escapando y dar fe, de haber sido un ciudadano del mundo.
En él, narra con lujo de detalles, sus viajes y sus impresiones sobre personajes, países y costumbres que conoció a lo largo de su vida. Le interesa el ser humano y sus reacciones ante los aconteceres. Ama profundamente la vida, la saborea a bocados a veces pequeños y delicados y a veces, grandes e intragables, pero todo lo da por bien vivido. Y entre lo mas valioso, las mujeres, seres a los que adora y respeta, disfruta de sus conquistas y no discrimina entre criada y señora. Las seduce, pero busca el goce mutuo, el placer de los cuerpos, que se encuentran para el disfrute de los sentidos, con la naturalidad y la pasión inherentes al ser humano; a nuestra especie. Se enamoró pocas veces, al corazón lo solía dejar por fuera. Sus biógrafos mencionan a Henriette, un amor de juventud, en el tiempo en que todo está aún por descubrir y no existe el miedo al compromiso, ni adquirir responsabilidades.




Casanova, junto al personaje de Don Juan, pasaron a la historia como mitos eróticos, arquetipos del hombre seductor por naturaleza. Del hombre,que necesita del amor, reconocimiento y la admiración de sus aventuras, debido probablemente, a sus carencias afectivas y como una distorsión, en la forma de concebir las relaciones, entre un hombre y una mujer.
Para Casanova, la mujer es fuente de placer en un juego amatorio mutuo. Admira su belleza e inteligencia, y al finalizar el enamoramiento, mantiene con buena parte de ellas, una relación amistosa, o les consigue una buena dote, o un hombre, con quien pueda tener un vínculo estable y en aceptables términos económicos.
Para Don Juan, proveniente de la nobleza, católico y conservador, la mujer es una presa que una vez gozada, deja de tener interés y después abandona a su suerte. Vive en un vacío afectivo, que solo se sacia con la conquista pasajera, con el control afectivo sobre esta.

Casanova, sano epicurista, hombre que tuvo contacto con sus sentimientos y apetencias, llevándolo a trasgredir las normas sociales. Vivió plenamente su vida, apurando el momento y como buen romántico, y fiel a sus circunstancias, antepuso su espíritu individualista al mundo que le rodeaba, tratando de balancear, la pasión con la razón.

Memorias de España, Giacomo Casanova. Ed. Planeta, 1986.
Traducción: Angel Crespo.

domingo, 8 de enero de 2012

MOIRAS, HERMANAS TEJEDORAS DE DESTINOS




Por medio de la figura femenina los griegos representaban lo incierto e inexorable del destino. Pensaban que aparecían tres noches después del nacimiento de un niño para decidir el curso de sus vidas. Según la época y los autores, las tres hermanas han sido melancólicas doncellas, viejas hilanderas o mujeres inflexibles, dadoras de vida o de muerte. Goya en sus pinturas negras, las representó confiriéndoles edades distintas según sus ocupaciones y con un halo de misterio y nocturnidad. Para Velásquez en el cuadro de las Hilanderas, son mujeres jóvenes, fornidas y bien dispuestas a enfrentar sus destinos. Después de las epopeyas de la Iliada y la Odisea, se establece la idea-concepto de las Moiras en la mitología. Su sentido era el de administrar el futuro convirtiéndolo en destino personal desde el nacimiento hasta la muerte. Son deidades preolímpicas, y como diosas del destino, velan porque se cumpla el de cada cual, incluyendo el de los propios dioses.
En unas genealogías, eran hijas de Zeus, rey de reyes y de Temis, diosa de la Ley. En el libro de la Teogonía de Hesiodo, hijas de Nix, diosa de la Noche, la que se concibe a si misma en una prueba de fuerza y poder ante las demás deidades; por lo que pareciera que ellas mismas habían nacido ya predestinadas para su determinante labor.


Parcas, perteneciente a la serie pinturas negras de Goya


Cloto, la hilandera mas joven, presidía el nacimiento de los hombres, portaba una rueca con hilos de todos los colores y calidades. El blanco, representaba la inocencia, lo que aun carece de historia y está abierto al destino. Oro, para el que llevará una vida próspera y feliz, siempre rodeado de afectos y bienes. Cáñamo y lana, para los pobres y desgraciados, para todos aquellos que la fortuna pase siempre a su lado ignorándolos.

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Átropos, la mayor, tiene unas largas tijeras en sus manos y observa atenta el trabajo de sus hermanas. No tiene misericordia en cortar de improviso y a su antojo, los hilos de la vida. No considera la edad, ni la posición social, ni otros atenuantes para tomar su decisión. Su rostro está cruzado por sombras y arrugas que le dan un aspecto sombrío.


Las Hilanderas de Velazquez

Láquesis, la más habilidosa con los hilos. Los mide, los enrolla, dando vueltas al huso con ellos, tamizándolos entre sus dedos y dirigiendo el curso de la vida. La mujer que la representa es de mediana edad, en su rostro se refleja el peso de lo vivido y el anhelo por vivir. Dependiendo de sus habilidades o torpezas, los hilos se devanaran simples o enredados entre sus dedos.

Que los dioses nos sean propicios y nos traigan todo tipo de venturas para este Nuevo Año.

lunes, 5 de diciembre de 2011

HISTORIAS DE VASOS




En un armario de madera de pino que hicimos hace muchos años, y arropados entre platos y tazas, guardo los vasos. Son de vidrio, de todos los formatos y de todos los grosores. Son los restos que fueron quedando de juegos que fuimos comprando. En sus buenos días, formaban familias de 6 u 8 miembros bien constituidas. Unos se fueron rompiendo y otros astillando, quizás quedaron los más fuertes, o los que tuvieron más suerte entre el festival de cacharros que a veces se organiza en el fregadero. Los sobrevivientes al agua escurridiza de jabón y a las manos presurosas, han formado su propia parentela. Pequeños y pesados, largos y ligeros, trasparentes como la luz, opacos como la niebla.

Entre ellos, en un rincón por falta de uso, uno amarillo, de plástico con asa, fue el de Isabel por muchos años. Rodó por todas las mesas, y rebotó por los pisos. Contuvo leche achocolatada, jugos dulces de todos los colores; sus babas finas e irrompibles como hilos de araña. Generalmente son las últimas piezas que pongo en la mesa, las cuido más por su fragilidad comprobada. Los vasos son importantes, contienen líquidos vitales y otros, que nos quitan los pesares desatando nuestra lengua. Líquidos cuyos átomos se emulsionan y se hacen espesos buscando texturas nuevas. Fueron hechos para todos los tamaños de manos, sus bordes redondos y suaves nunca cortaron mis labios.
El vaso de vidrio, por su transparencia, es delator de su contenido. Hace que nos asomemos a ese pequeño mar con fondo, donde nadan las burbujas y se ahogan las penas.


Imagen de Elena  Gualtierotti

Para los niños, el vaso representa todo un desafío, que les hace indagar y buscar en ellos, lo que aún no se les ha perdido. Por eso, se los damos de materiales opacos, irrompibles, esperando que sus manos crezcan, y aprendan que la fragilidad no tiene alas salvadoras, y que la gravedad, como otro misterio más de la tierra, reclama siempre lo que le pertenece. La taza es un competidor a tener en cuenta por el vaso. De constitución más ancha y cómoda, resiste altas temperaturas, pero lo que la hace interesante, es esa predisposición suya ante la vida, para esperar en jarras, cualquier cosa que le venga encima. La vida social del vaso es intensa, es el utensilio con el que tenemos más contacto durante el día. Está presente durante el desayuno, almuerzo y cena, también entre las horas que vagan sin quehaceres por el blanco reloj. A pesar de su sociabilidad, creo que el vaso es un solitario en esencia. Así como la taza generalmente se acompaña del plato, el tenedor del cuchillo, y la olla de la tapa, él es como el hombre que no quiere compromiso con nadie, que coquetea y seduce a todo el que puede, pero que al final, termina la fiesta sintiéndose vacío y utilizado.


Con el tiempo he llegado a valorar más todo lo que es dúctil y transformable. Me asombra ver los materiales de masas opacas y estáticas volverse fluidos, que se deslizan plácidamente, como si ese hubiera sido su estado primitivo. Por eso me gusta el vidrio y sus formas cambiantes.
El agua, creo que es el líquido que más se identifica con el vaso. Los dos transparentan, dejando que la mirada traspase sus materiales, pudiendo buscar mas allá de lo que no es encontrado en ellos. No condicionan, y se muestran con la pureza de lo genuino, y la vulnerabilidad de lo que se sabe fácilmente susceptible a los cambios. Pero también, con la fortaleza del que está claro con lo que es: materia siempre en proceso de transformación.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

PAN, UN DIOS ENAMORADIZO Y MUSICAL.



La mitología griega, referente inagotable de relatos originales, narra la historia de Pan, dios de la  fertilidad y la fecundidad masculina. En una de sus diez y nueve genealogías cuenta como Hermes y Dríope esperaban felices la venida de su hijo. Todo era alegría y fiesta, pero estas se acabaron cuando vieron con asombro el ser que había nacido. Tenía la cara arrugada y unos pequeños cuernos en la frente. El mentón era muy pronunciado acabando en una especie de barba, de color indefinido. Además, de la cintura para abajo, tenía el aspecto de un macho cabrío, de patas peludas y pezuñas.
 Dríope lloraba sin consuelo ante la visión de su amado hijo. Entonces Hermes, ejerciendo sus dotes de mediador, lo llevó al Olimpo envuelto en una piel de liebre para protegerle de las miradas aviesas. Cuando se lo mostró a los demás dioses, a todos les pareció un ser simpático y especial, y como hubo unanimidad en el criterio, lo llamaron Pan, que significa hijo de todos. Con el paso del tiempo fue creciendo y se convirtió en el dios de los bosques, de la brisa del amanecer y del atardecer. Era curandero, cazador y músico. Vivía libre por los bosques asustando a los hombres que osaban penetrar en ellos.




Correteaba a las ovejas en un ensayo general, para lo que sería posteriormente su eterno  asedio a las ninfas. Su virilidad y su potencia sexual,  pronto le hicieron comprender que tendría una gran aceptación, entre las diosas para las que siempre estaría dispuesto.
 Le agradaban las fuentes y las sombras de los bosques. Se escondía entre las malezas para contemplar a las ninfas y después, caía vencido por el sueño. Sólo mostraba su lado oscuro, cuando se le interrumpía de sus plácidas siestas, ya que despertaba bramando y enfurecido. Posiblemente era por que sólo entre los sueños, conseguía la unidad y la armonía que su cuerpo nunca había tenido.




 Boreas, dios del viento del norte, fue su gran competidor en el terreno amoroso. Era conocido por su violencia, gélido e insensible a todo lo que no fuera saciar su voraz apetito sexual. Ambos cortejaban a la diosa Pitis, pero esta se sentía más agradada por los galanteos musicales de Pan. Entonces,Boreas  sintiéndose despreciado y movido por los celos, destrozó el cuerpo de Pitis a golpes, arrojándolo después desde lo alto de una roca. Gea, la diosa madre, apiadándose de ella la convirtió en un esbelto pino, y desde entonces, se dice que el árbol gime de espanto, cuando sopla Boreas.

 La historia amorosa de Pan también hace referencia a Selene, la diosa luna y la atracción que sintió por este dios de cuerpo y espíritu poliforme. Pero fue de Endimión, un pastor de gran belleza, del que Selene se enamoró al verlo descansando. La diosa pidió a Zeus que lo mantuviera eternamente dormido, pero con los ojos abiertos. Este encantamiento hacía que se acercara al pastor cada noche y antes del amanecer, para saciar su apetito sexual en un cuerpo sin voluntad. Después entre las horas negras que se aproximan a la luz, Selene recorre el firmamento en su carro de plata en un ritual esférico y luminoso como ella misma.



La genealogía que más se conoce de Pan, es la que refiere el amor no correspondido de Siringa. Esta náyade vivía con sus hermanas en las orillas de los ríos. Era también curandera y andarina, recorría los bosques y nadaba en las aguas felices del ríos.
Un día Pan la vio entre los árboles y las sombras que se producen en los bosques, y comenzó a perseguirla. Ella, bellísima y delicada, se asustó a ver la deformidad de aquel cuerpo, y corrió hacia el río pidiendo ayuda a sus hermanas. Gea oyó sus gritos de auxilio y conmovida la convirtió en un cañaveral. Estaría condenada a la inmovilidad, pero cerca de las aguas, sintiendo su aliento húmedo.
 Pan, al ver lo sucedido, se arrojó sobre las cañas produciendo estas un sonido maravilloso. Después, cortó nueve cañas de distintos largos y las ató formando una flauta, de la que empezó a sacar sonidos como nunca antes  se habían oído. A partir de entonces a esa flauta se la llamó siringa, en honor a esta historia. De alguna manera llegó a las primitivas culturas de América, y definitivamente se instaló, entre el altiplano y los pueblos del sur. Su sonido aún suena a lamento de amor no correspondido.
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