martes, 10 de mayo de 2016

REZO EL CREDO O CREDO DE AQUILES NAZOA









Creo en Pablo Picasso, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; creo en Charlie Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones, que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo, pero que cada día resucita en el corazón de los hombres; creo en el amor y en el arte como vías  hacia el disfrute de la vida perdurable; creo en los grillos que pueblan la noche de mágicos cristales; creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda maravillosa; creo en la cualidad aérea del ser humano configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma bajo el cielo del Mediterráneo; creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente debajo de la almohada de mi niña; creo en la fábula de Orfeo; creo en el sortilegio de la música, yo que en las horas de mi angustia, vi el conjuro de la Pavana de Fauré, salir liberada y radiante a la dulce Eurídice del infierno de mi alma; creo en Rainer Maria Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza, que sacrificó su vida al acto de cortar una rosa para una mujer; creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia; creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar, creo en un barco esbelto y distintísimo que salió hace un siglo al encuentro de la aurora; su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles, y junto sus sienes un resplandor  de estrellas; creo en el perro de Ulises; en el gato risueño de Alicia en el País de las Maravillas, en el loro de Robinson Crusoe, en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta, en Baralfino caballo de Rolando y en las abejas que labraron su colmena dentro del corazón de Martín Tinajero; creo en la amistad como el invento más bello; creo en los poderes creadores del pueblo; creo en la poesía y en fin, creo en mi mismo, puesto que sé que hay alguien que me ama.


Aquiles Nazoa (1920-1976)

Escritor, ensayista, poeta y humorista venezolano. Practicó toda su vida un periodismo combativo, criticando duramente la Venezuela saudita de los tiempos del auge petrolero. En 1948 obtiene el Premio Nacional de Periodismo, en la especialidad de escritores humorísticos y costumbristas.
Se exilió durante la dictadura de Pérez Jímenez, entre 1956 y 1958. 
Otras obras son: La torta que puso Adán, Pan y circo. Amor, cuando yo muera. Vida privada de los muñecos de trapo.  Humor y Amor 

Imágenes tomadas de Internet

                                                        

lunes, 8 de febrero de 2016

Cartas de amor entre Manuela Sáez y Simón Bolivar







>> Mis generales holgaron en perfidia para ayudarme a deshacerme de mi Manuela, apartándola en algunas ocasiones, mientras que yo me complacía con  otras. Por eso tengo esta cicatriz en la oreja. Mire usted ( enseñándome su grande oreja de S.E. la izquierda, que tiene una  fila de dientes muy finos,  y, como yo si yo no supiera tal asunto), este es un trofeo ganado en mal alid: ¡en la cama! Ella encontró un arete de filigrana debajo de las sábanas, y fue un verdadero infierno. Me atacó como un ocelote, por todos los flancos; me arañó el rostro y el pecho, me mordió fieramente las orejas y el pecho, y casi me mutila. Yo no atinaba cual era la causa o argumentos de su odio en esos momentos y, porfiadamente, me laceraba con esos dientes que yo también odiaba en esa ocasión. Pero ella tenía razón: yo había faltado a la fidelidad jurada, y merecía el castigo. Me calmé y rebajé mis ánimos, y cuando se dio cuenta de que yo no oponía resistencia, se levantó pálida, sudorosa, con la boca ensangrentada y mirándome me dijo:¡Ninguna, oiga bien esto señor, que para eso tiene oídos: ninguna perra va a volver a dormir con usted en mi cama (enseñándome el arete) No porque usted lo admita, tampoco porque se lo ofrezcan. Se vistió y se fue.




Las más hermosas cartas de amor entre Manuela y Simón.

Fundación Editorial El Perro y la Rana, 2010

Imágenes tomadas de Internet

lunes, 11 de enero de 2016

UNA NIÑA MALA




Quiero ser una niña mala y no lavar nunca los platos y escaparme de casa. No voy a explicarle las tareas a nadie, ni a tender la cama, no quiero esperar en el balcón, suspirando y aguantando lágrimas, la llegada de papá. Ni con mamá ni con nadie. Cuando sea una niña mala gritaré, lloraré dando alaridos hasta que la casa se caiga. Cuando sea una niña mala no voy a volver a marearme  y a vomitar. Porque no voy a subir al auto que no quiero, para dar las vueltas y los paseos que no quiero, ni voy a comer lo que no quiero, ni a temer que alguien diga si vomitas te lo tragas, pero a papá no se lo hacen tragar. Yo voy a ser una niña mala y solo voy a vomitar cuando me dé la gana, no cuando me obliguen a comer.
Llegaré con  rastros de lápiz rojo en la camisa, oleré a sudor y a trago y me acostaré con la ropa sucia puesta, y roncaré hasta despertar a toda la familia. Todos despiertos, cada uno callado en su rincón, respirando miedo. Quiero ser el ogro y comerme a todos los niños, especialmente a los que no duermen mientras yo ronco y me ahogo. Porque los niños cobardes me irritan. Quiero niños malos y quiero una niña mala que no se asusta por nada.
(…)



La niña mala no tendrá que hacer visitas ni saludar, pie atrás y reverencia, ni sentarse con falda extendida, las manos quietas, sin cruzar las piernas. Las cruzará, el tobillo sobre la rodilla, y las abrirá, el ángulo de  más de noventa, la cabeza alta y la espalda ancha y larga, y se tocará donde le provoque. No volverá a hacer tareas, ni a llevar maleta, ni a dejarse hacer las trenzas, a tirones, cada madrugada, entre el huevo y el café. Nadie le pondrá lazos en la coronilla ni le tomaran fotos aterradas. Tendrá pelo de loba y se sacudirá desde las orejas hasta la cola antes de enfrentarse al bosque.
(...)






Montserrat Ordóñez Vilá. 17 Narradoras Latinoamericanas. Impreso en México 1998 por X Pert Press S.A.de C.V.


Montserrat Ordóñez (1941-2001) colombiana nacida en Barcelona, España. Poeta, traductora, editora y ensayista. Doctora  en Literatura Comparada de la Universidad de Wisconsin. Se desempeñó como profesora titular de la Universidad de los Andes. Publicó entre otros: Ekdysis (poesía), la compilación de textos, La Vorágine: Textos críticos, Escrituras de Hispanoamérica: Una guía bio-bibliográfica

Imágenes tomadas de Internet

martes, 22 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD Y FELICES DÍAS



Mis queridos amig@s, paseando por estos caminos de Internet, encontré una serie de postales recordando todas aquellas personas y servicios que un día conocimos y disfrutamos allá por los 50 y 60. Empezando por el repartidor de butano y  la bombona naranja de  inconfundible ruido, que al golpear unas con otras, se anunciaba una vez a la semana, infaltable en la cocina y sobre todo en el invierno  frió de Madrid, para las estufas a gas, peligrosas como ellas solas, autenticas bombas de tiempo...


El cartero, el personaje más esperado durante todo el año, sobre todo las familias que tenían a hijos o hermanos  fuera del país, en Latinoamerica, Alemania etc, buscando mundos mejores donde abrirse y comenzar nuevas vidas. En mi casa no faltaba la copita de vino dulce y el polvorón  para ellos.



El vigilante, en las zonas residenciales o el sereno para las populares, oliendo siempre a alcohol, quizás para soportar las frías y solitarias noches, cargado con cientos de llaves ensartadas en un cilindro metálico que como un milagro, abría puertas al cobijo y al descanso de la noche.



Los repartidores de carbón, de pan, de leche...





El recogedor de basura, el carpintero, el muchacho siempre servicial de la tienda,  la portera, sabedora de anécdotas y chismes, autentico archivo histórico de la zona y el portal...









Con todos ellos, personajes queridos y recordados, conformamos la historia de nuestra infancia y adolescencia, nuestro archivo particular, personajes de nuestra memoria colectiva y familiar...

Imágenes tomadas de Internet

jueves, 10 de septiembre de 2015

CUENTOS CORTOS DE ÁNGELES MASTRETTA




DE OFICINA A OFICINA
A las nueve de la noche, Amalia llevaba once horas de trabajo de parto. Tenía la palidez de una hoja en blanco y el cansancio la había dejado en un silencio que sólo interrumpía su respiración sin rumbo. Entonces su marido llegó de la oficina con la corbata bien anudada y el cabello en paz. Se la quedó mirando, le puso una mano en la mejilla y le dijo: - No te imaginas qué día tan pesado he tenido.





PÉRDIDAS
A  veces el rumor de la nostalgia le subía desde los pies hasta la frente. Y desde las orejas hasta el ombligo algo ardiente le iba corriendo bajo la piel hasta que le brotaba un sudor tibio que en lugar de  aliviarla la ponía al borde de un ataque de llanto. Todo eso empezó a pasarle cuando un hombre que era dos al mismo tiempo desapareció de su vera como de pronto amaina un temporal.
_ Eso es la menopausia- le dijo su hermana tras oírla describir aquella sensación  de angustia repentina-. No tiene nada que ver con la pérdida del animal esquizofrénico que se te fue. Por drástica que te parezca la pérdida de un marido, nunca devasta como la pérdida del estradiol.




RAZÓN DE SOBRA
Soñó que se encontraba con la novia de su marido y no la mataba. Siempre había tenido ganas de apretarle el pescuezo siquiera un ratito. Ganas de encajarle una piedra de su collar en la tráquea, pero nunca pensó que se la encontraría porque sus mundos quedaban tan lejos que si ella hubiera vivido en Bagdad y no en la colonia vecina, de todos modos hubiera estado más cerca Bagdad. No caminaban las calles a la misma hora, ni buscaban la sombra bajo los mismos árboles, ni el sol les ahuyentaba el mismo frío. Por eso no la mató.


DEL LIBRO MARIDOS,  DE  ÁNGELES MASTRETA
2010 EDITORIAL  PLANETA  MEXICANA, S.A de C.V


Imágenes tomadas de Internet

martes, 30 de junio de 2015

RECORDADO GALEANO






EL VIAJE


Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos  en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos  al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.



El Beso de Auguste Rodin

VENTANA SOBRE LA UTOPÍA

-Ella está en el horizonte-dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.



Vertume y Pomona de Camille Claudel


Eduardo Galeano. Ventanas. Fundación Editorial el Perro y la Rana. 2013

Imágenes tomadas de Internet.

lunes, 15 de junio de 2015

ESCRITORAS VENEZOLANAS






LA VOZ FEMENINA, EL ALMA, LO LUNAR
HANNI OSSOTT

“La voz femenina surge de un fondo volcánico: arriba la abertura, la fisura. Adentro: lava, fuegos…Un círculo la rodea, un pozo hondo, oscuro, informe la concentra. Hay allí riqueza contradictoria: el primer crimen, el primer amor y la venganza, también el aguijón. Lo virginal, lo sacro y lo irreverente e impúdico la conciernen. Ella canta desde un dolor primordial hecho alegría e himno. La voz femenina es ronca, lenta, una queja de la tierra. En ella habita la serpiente, la vencida por Apolo- el dios gobernador de la mujer, de lo mujer. Una de las sentencias del Oráculo de Apolo en Delfos  lo dice: gobierna a la mujer. Esto quiere decir: gobierna a lo femenino en ti, gobierna el ánima. Y bajo la figura del ánima, dice Emma Jung, aparecen tres arquetipos: la Gran Madre, la Profetisa y la Diosa del Amor. Ánima es eros y naturaleza.
Desde esa voz se trama y se teje el vivir. Se funda el ser. Desde esa voz- a veces aun sin voz-la palabra adquiere rango pues se haya ligada a la profundidad. Por la presencia de esa voz, el hombre a veces niega lo que no pertenece al Logos. Ella es el circulo negro que concentra la pasión, la muerte, la negación, el vivir, la paradoja que encierra vida y muerte.”


Foto tomada por Patricia Van Dalen



Del libro, El hilo de la voz, Antología critica de escritoras venezolanas del siglo XX.
 Yolanda Pantin, Ana Teresa Torres. Editorial Fundación Polar

Hanni Ossott, poeta y ensayista venezolana  (1946-2002). Profesora en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Fue crítica de arte y traductora de poetas como Rainer María Rilke, D. H. Lawrence y Emily Dickinson. En 1972, le conceden el  Premio Nacional de Poesía,  José Antonio Ramos Sucre y en el año 1988, recibe el premio Nacional de Poesía del CONAC.

Imágenes tomadas de Internet

viernes, 15 de mayo de 2015

CRÓNICA BREVE DE UN BAUTIZO






Pues sí,  amigos, después de mucho batallar  nació mi primer libro, para mi solita. Y eso, que  corren tiempos difíciles en esta Venezuela; cuando no hay papel,  no hay tinta, o se va la luz y/o cualquier otro problema. Pero un día todos los astros se alinearon y pudo ser, gracias al esfuerzo y cariño que puso mi editora, Les Quintero, de la Editorial Lector Cómplice. Por cierto, que ese nombre tan bonito se debe a la novela  Rayuela, de Cortázar, al referirse “a un cierto tipo de lector contrapuesto al lector pasivo”. La presentación se realizó el 9 de Mayo,  en el marco del 7° Festival de la Lectura de Altamira, un lugar y una feria emblemáticos en Caracas. Mi presentadora-madrina fue Beatriz  García Naranjo, profesora y amiga, con la que comparto angustias y alegrías. Invitados; familiares,  amigos y todos los conocidos que me topaba por esos días, los cuales asistieron fieles, arropándome con su presencia y cariño. La sensación es la de entrar a un club privado y exclusivo; el de los publicados. Y como un niño en su primer día de colegio, todo expectante y asustado, te acercas a los grandes y conocidos  con un ¡¡¡¡holaaaaaa quieres ser mi amiguito?????? Y también como en el primer día de colegio, nunca falta el que te mira todo atravesado antes de hacerte un espacio en su círculo.



Con Beatriz García Naranjo, madrina y presentadora



Al día siguiente amaneces feliz, con una gran resaca, agotada de tanto saludo y abrazo, seca la boca de tanto hablar y una extraña sensación te habita el alma. Me imagino que se debe a la falta de costumbre, porque el oficio de escritor, es el más solitario y silencioso del mundo. Solo necesitamos un cuaderno y un lápiz y un rincón, o un cuarto propio, como diría mi admirada Virginia. El día siguiente del día después, vuelves a tus trabajos y oficios, un poco más alzada y con una sonrisa pegada a los labios, pensando que valió la pena todo el esfuerzo.


Con Jorge Gómez Jiménez, director de Letralia

miércoles, 29 de abril de 2015

NARRATIVA VENEZOLANA






                                                                       VENGANZA

Ednodio Quintero 

Empezó con un ligero y tal vez accidental roce de dedos en los senos de ella. Luego un abrazo y el mirarse sorprendidos. ¿Por qué ellos? ¿Qué oscuro designio los obligaba a reconocerse de pronto? Después largas noches y soleados días en inacabable y frenética fiebre.
Cuando a ella se le notaron los síntomas del embarazo, el padre enfurecido gritó: “Venganza”. Buscó la escopeta, llamó a su hijo y se la entregó diciéndole:
-Lavarás con sangre la afrenta al honor de tu hermana.
Él ensilló el caballo moro y se marchó del pueblo, escopeta al hombro. En sus ojos no brillaba la sed de venganza, pero sí la tristeza del nunca regresar. 






LA MUERTE VIAJA A CABALLO
Al atardecer, sentado en la silla de cuero de becerro, el abuelo creyó ver una extraña figura, oscura, frágil y alada volando en dirección al sol. Aquel presagio le hizo recordar su propia muerte. Se levantó con calma y entró en la sala. Y con gesto firme, en el que se adivinaba, sin embargo, cierta resignación, descolgó la escopeta.A horcajadas en un caballo negro, por el estrecho camino paralelo al río, avanzaba la muerte en un frenético y casi ciego galopar. El abuelo, desde su mirador, reconoció la silueta del enemigo. Se atrincheró detrás de la ventana, aprontó el arma y clavó la mirada en el corazón de piedra del verdugo. Bestia y jinete cruzaron la línea imaginaria del patio. Y el abuelo, que había aguardado desde siempre ese momento, disparó. El caballo se paró en seco, y el jinete, con el pecho agujereado, abrió los brazos, se dobló sobre sí mismo y cayó a tierra mordiendo el polvo acumulado en los ladrillos.La detonación interrumpió nuestras tareas cotidianas, resonó en el viento cubriendo de zozobra nuestros corazones. Salimos al patio y, como si hubiéramos establecido un acuerdo previo, en semicírculo rodeamos al caido. Mi tío se desprendió del grupo, se despojó del sombrero, e inclinado sobre el cuerpo aún caliente de aquel desconocido, lo volteó de cara al cielo. Entonces vimos, alumbrado por los reflejos ceniza del atardecer, el rostro sereno y sin vida del abuelo.


Ednodio Quintero, escritor venezolano,  nacido en el estado Trujillo. Profesor de la Universidad de los Andes (Mérida), admirador desde la infancia de los cronópios de Cortázar y del solitario Gregorio Samsa, Comenzó escribiendo cuentos cortos de intensas imágenes,  paisajes agrestes y economía de palabras, autenticas joyas de la narrativa venezolana. Con  la novela La danza del Jaguar  se abre un espacio definitivo en el panorama latinoamericano.

Interesado en la cultura oriental, reside por largas temporadas en Japón donde aprende el idioma y observa la vida. Ha prologado a Akutagawa, el autor de Rashomon, el mejor cuentista de habla japonesa. 

jueves, 12 de marzo de 2015

LA CATRINA, SEÑORA DE LA MUERTE



CRÓNICAS DE MÉXICO




Dicen que fue Diego Rivera quien la bautizó con el nombre de Catrina, basándose en una caricatura original de José Guadalupe Posadas.Ya ha cumplido 100 años y en su comienzo se llamaba la Calavera Garbancera, en alusión a la mujer del pueblo que vendía garbanzos en los mercados, pero que creyéndose europea (francesa o española) renegaba de su propia cultura. Una burla a esa parte de la sociedad que no se identifica con sus propios valores y pretende aparentar lo que no es.


Empieza a aparecer en los periódicos llamados de “combate” donde se critica duramente a las clases altas y a los políticos que gobiernan el país. Estos escritos se ilustraban con calaveras de todo tipo y tamaño, sobre historias de crímenes, damas, terror y políticos. Nadie como el mexicano para burlarse de la muerte, para torearla y buscarle el lado jocoso que, como una compañera ineludible de viaje, te acompaña todo el tiempo.


En el mural Sueños de una tarde dominical en Alameda Central, Rivera, la engalana y la sitúa en el centro, rodeada de 150 personajes de la cultura mexicana y de su memoria familiar, donde aparece él de niño delante de su inseparable Frida. La Catrina  aparece vestida con traje largo, sombrero con plumas de avestruz representando al viejo continente y la conquista de México. La estola que la envuelve,  representa la serpiente emplumada del dios Quetzalcóatl, la vida y la muerte y en medio, el hombre habitando entre estas dos fuerzas. El sombrero en su primera representación, aparece engalanado con amapolas, la flor delicada y mortífera que puede adormecer al pueblo de sus anhelos y reivindicaciones.



Octavio Paz el historiador por excelencia mexicano, el cronista mayor de la cultura de este país, en su ensayo “Todos los santos, día de muertos” escribe: “Para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida, no es tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte y a la inversa. La muerte no era el final natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito. Vida, muerte y resurrección eran estadios de un proceso cósmico que se repetía insaciable. La vida no tenia función más alta  que desembocar en la muerte, a su vez no era un fin en sí, el hombre alimentaba con su muerte la vecindad de la vida siempre insatisfecha”.


 “Para el habitante de NY, Paris, o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja,  es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente”. “Cierto, en su actitud hay quizás tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde, ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia desdén o ironía”, “si me han de matar mañana, que me maten de una vez”.
 El mexicano de hoy es una mezcla de culturas pasadas y presentes. De la cultura pre-hispánica conserva la altivez y el sentido del honor a su casta o tribu. Del hispano, la religiosidad hecha sincretismo y de la influencia sajona, el modernismo que arroya y se lleva a las dos anteriores por delante.


La máscara tan utilizada en la cultura pre-hispánica, aún persiste en su idiosincrasia, especie de metáfora del hecho de no mostrar su alma siempre rebelde, porque abrirse, según Paz, es debilidad propia de mujeres. La mujer mexicana, rehuye de su voluntad, ella espera ser despertada de su sueño a través del hombre. Atrae pero no seduce, es el hombre el encargado de este ritual, el mexicano sólo se muestra quitándose la máscara en sus fiestas, se abre, porque le está permitido. Por eso la Catrina, señora de la muerte, buena moza, remedo de un pasado y visión de un futuro, coqueta nos invita a vivir con plenitud la vida, al mismo tiempo que nos recuerda la fragilidad de ésta.

Imágenes tomadas de la Red

jueves, 19 de febrero de 2015

LA CASA DE FRIDA Y DIEGO


 CRÓNICAS DE MÉXICO



El barrio de Coyoacán, en la ciudad de México, fue a principios del siglo pasado una zona de albergue para artistas y gentes que buscaban lugares donde el crecimiento de la gran ciudad, no se los tragara vivos. Zona de casitas bajas, cada una a su aire y con la impronta de sus dueños, pero que no obstante, guardan una cierta armonía en el lugar. Hoy, esta casa pintada de azul y naranja, siempre tiene colas de gentes en la puerta.





 La casa en sus orígenes fue adquirida por el padre de Frida en 1904 y después, paso a ser de la pareja que la fueron adaptando y acondicionando a sus necesidades y gustos. La casa azul por la que se conoce este lugar, representa el útero que cobijó a Frida, desde su nacimiento hasta su muerte. Allí vivió toda su vida rodeada de sus objetos de arte, sus libros, pinceles y muñecas. Cada rincón de la casa trasmite vida y pasión aún hoy al contemplarlo. Toda su vida se guarda entre esas paredes y jardines que poco a poco fueron anexando a la casa. Su pasión por la vida se conserva intacta, su historia de amor y dolor con Diego Rivera se encuentra en cada recámara, al igual que su historia de amor y dolor con la vida.
El espacio de la cocina es grande, luminoso, con utensilios para cocinar con fuego de leña, a ella le gustaba cocinar a la antigua usanza, utilizando maderas y carbones. Las alacenas guardan copas, vasos y platos trabajadas por artesanos que fueron amigos y conocidos de la pareja. Lugar vivido y disfrutado, que generó vida y placer a sus dueños.



El sol entra por las altas ventanas e ilumina el estudio que Diego mandó construir para ella. Su caballete móvil y adaptable  a la altura que ella necesitara, ocupa un gran espacio en la habitación. Sus libros sobre política y arte, se guardan tras los cristales de la biblioteca como si apenas ayer, hubieran sido utilizados.



 Cerca, su alcoba de noche y su alcoba de día. En la de noche, angosta, cómoda y coqueta, no hay señales de dolor, sólo de sueños y placeres. Una colcha blanca, tejida por manos de hadas, cubre el lecho; provoca su blancura y la redondez de sus formas. La alcoba para el día impresiona. Duele ver esos aparatos construidos y diseñados para mitigar su dolor, su imposibilidad de movimientos, su desespero ante la vida que pasa y a la que ella va dejando de pertenecer. Su madre mandó poner un espejo en el techo del caballete  instalado en la cama, desde allí, Frida, pinta su autorretrato una y otra vez. No hay una sola sonrisa en ellos, solo una mirada desafiante, frontal; unos ojos en pie de guerra.



 Afuera, el verde del jardín refresca el ambiente de la casa. La piedra volcánica y el negro de su suelo cubierto de yerba, me ofrecen un respiro. Han  pasado las horas y el sol cobija con esa tibieza del invierno.

Imágenes tomadas de la red

lunes, 1 de diciembre de 2014

QUERIDO SERRAT








Dentro de poco tiempo Serrat cumplirá 50 años en el mundo musical, de esos 50, por lo menos, hace  45  que lo conozco y lo sigo, ya que  soy de una fidelidad perruna. Lo mío fue un amor a primera vista, fueron sus Paraules d´amor cantadas en una lengua que apenas conocía, pero que me sonaba bien, las que me enamoraron, así como después, conocería a Lluis Llach,  Raimon y María del Mar Bonet, otras voces disidentes  en aquellos represivos años del franquismo. Apenas con 16 años, recién salida del colegio de monjas y de vuelta a Madrid, adolescente y desubicada, para rizar más rizo, me encontraba con nuevos amigos y amigas en aquel barrio del norte de Madrid, donde mis padres maestros nacionales, y después de haber recorrido media España fueron a ubicarse. En un tocadiscos y con mucho cuidado al ponerlos, oía los discos de 45 que me prestaban de Serrat. Como él, sentía que hablaba otro idioma y me relacionaba de distinta manera que los muchachos de mi edad. Me gustaba mucho  leer, el cine y estar rodeada de mayores que yo, sus conversaciones me parecían más interesantes, más sustanciosas. Una de las épocas más solitarias de la persona es la adolescencia, en la que buscas desesperadamente espejos donde mirarte y encontrar  una imagen que se parezca lo más posible a lo que estas buscando. En aquella sociedad pacata y de doble discurso, era difícil encontrar un ideal a seguir. Su música llenaba esos vacíos y soledades, acompañando silencios.




En el 69 vino el disco  de  poemas de Machado, mi poeta favorito, valorando el mundo de las pequeñas cosas, cotidianas y amables con el que me identificaba plenamente, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo en crecer juntos, él como maestro, mostrándome esa otra parte del mundo en las que me sentía todo y parte. Mediterráneo, el lugar donde habíamos nacido, me hizo sentir y comprender lo que había significado para la cultura: como el  origen del negro riguroso de nuestras mujeres viudas, el gusto por la comida y el buen vino, el amor al sol y la conversación entre amigos; el juego al escondite con  la muerte. En los años 80 los dos encontramos que El Sur también existe, que el mundo es grande y uno se puede ahogar si siempre permaneces en la misma orilla. A comienzos del nuevo siglo, fueron  las canciones compartidas con los amigos, Sabina y Serrat, andaluz y catalán,  sacando la parte más golfa de ambos, como dos adolescentes escapados,  felices e indocumentados.



 Para Serrat, el mundo  siempre fue demasiado grande y diverso,  nunca quiso encerrarse en localismos reduccionistas, quiso siempre a su tierra, sus raíces las lleva con él, pero sin renunciar por ello a compartir con otras voces y otros tierras.



Ahora en el último disco que celebra sus  50 años en la música,  Antología desordenada, comparte la mitad de las canciones con amigos de toda la vida y gente joven que se incorpora recién al camino.  La otra mitad, se la reserva como un buen vino que guardamos para las fechas especiales. Así de esta manera, agradece a la vida que le ha dado tanto, como cantaba su amiga Mercedes Sosa…



Imágenes tomadas de la Red

martes, 4 de noviembre de 2014

LUGARES DE LECTURA




Cada uno de nosotros tenemos un lugar favorito para leer. Entregarnos al placer de conocer nuevas vidas, investigar, vivir historias a las que jamás tendríamos acceso si no fuese por la lectura. Tendemos a  combinar la lectura con el lugar,  como si se tratase de un conjunto de ropa y zapatos, no se puede leer poesía en el metro o un sesudo ensayo, estos,  los guardamos para lugares silenciosos, apartados. La poesía mejor si se lee al caer la tarde, cuando anochece,  su lenguaje críptico se abre a nosotros en un efecto  amplificado que nos lleva a la introspección. A propósito decía Margarita Duras, “Raras veces leo en playas o jardines, no se puede leer con dos luces al mismo tiempo, la luz del día y la del libro. Hay que leer con luz eléctrica, la habitación a oscuras, sólo la página iluminada”.


 Descubrí a los clásicos rusos a los 14 años, en un verano de la ciudad de Valencia. La biblioteca de mi tío era envidiable, había variedad y cada libro en su santo lugar.  En las tardes, después de comer, en la obligada sienta, Ana Karenina fue mi compañera en las horas  más calurosas del aquel verano. Aprendí con ella,  que los grandes amores podían ser tan valiosos como la propia vida, pero que antes convenía endurecer un poco el corazón.  Dostoievski,  me alertó de ciertas  pasiones desatadas, que sustituyen amores y pueden llegar a  controlar nuestras vidas.




De todos los medios de transporte el tren es el que más invita a la lectura. “La mejor ocasión para leer un buen relato elegante es un viaje solitario en tren. Rodeado de desconocidos y con un paisaje que no nos es familiar al otro lado de la ventanilla(al que se echa una ojeada de cuando en cuando) la vida atractiva y complicada que surge de las páginas impresas posee matices propios, peculiares y duraderos”,  contaba el escritor inglés, Alan Sillitoe. En ciudades ajenas, donde nada  pertenece a la memoria,  la soledad de los hoteles,  también es mitigada por la lectura nocturna. Rodeado de muebles, olores y texturas que no son familiares, el libro conocido es el  mejor compañero en las noches blancas.

Mi padre prefería su sillón negro con  dibujos chinos de la sala. Su cabeza blanca sobresalía del respaldo y yo aprovechaba su quietud y embelesamiento por la lectura, para peinarle tratando de organizar a mi manera sus cabellos. El sonreía zambulléndose más en la lectura.





La escritora francesa Colette se refugiaba en su cuarto y en las noches para leer. Durante  el día, en  el jardín familiar de la casa de Chatillón, relee una y otra vez Los Miserables de Víctor Hugo. Ama desaforadamente a Jean Valjean, su bondad le sirve de contraste con las rudas maneras de su padre militar, curtido en mil batallas y cuyo desamor  la lleva a buscar la protección del libro. Para Henry Miller, siempre tan peculiar, el baño era un magnifico lugar de encuentro con el libro. “Mis mejores lecturas las he hecho en el baño. Hay personajes de Ulises que solo  se pueden leer en el retrete, si se le quiere extraer todo el sabor al contenido.”. También para Marcel Proust era el sitio “para todas mis ocupaciones que requieran una soledad sacrosanta: lectura, ensoñaciones, lágrimas y placer sensual”.

 Por mi parte, yo sigo fiel a la cama, el lugar de mis primeros encuentros con los libros,  espacio de reuniones y placeres. En la noche, cuentos, con luz directa sobre el libro, para soñar  antes de dormir. Con la claridad del día, cuando el tiempo lo permite, leo y releo, tratando de comprender la quinta pata del gato,  de este enigma que llamamos vida.


Una historia de la lectura, de Alberto Manguel


Imágenes tomadas de la red
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